Hasta la fecha, ha habido montones de noticias acerca de drones involucrados en usos muy diversos, desde lo más práctico a lo más rocambolesco, pero, ¿qué hay de cierto en todo ello? ¿Podrán hacer lo que prometen?

Históricamente, el concepto de drone como un vehículo aéreo pilotado a distancia (RPAS, en sus siglas de cariz más profesional y civil), o no pilotado, incluso autónomo, ni es ninguna novedad ni había variado demasiado desde sus inicios en la primera década del siglo XX hasta los años 90; su uso se reducía sobre todo al ámbito militar con aplicaciones como misiles de crucero, reconocimiento fotográfico y electrónico, blancos volantes o lanzamiento de armamento en zonas demasiado peligrosas para un avión. También se utilizaba en el mercado lúdico del radio control, de extensión limitada y generalmente de espaldas al gran público.

La evolución simultánea de varias tecnologías en paralelo, como el Wifi, procesadores específicos para vuelo, la movilidad, y las pequeñas cámaras de acción, confluían hacia finales de la primera década de este milenio en unos dispositivos aéreos, los cuadricópteros, cuyo concepto era tan viejo como de los años 20, pero que sólo ahora podían gozar de una estabilidad de vuelo adecuada gracias a la sinergia tecnológica del momento, totalmente multidisciplinar. Inicialmente el boom fue militar, con drones de tipo avión de gran tamaño capaces de cargar con armamento durante muchas horas de vuelo. Muy pocas empresas se dedicaron a ello antes que el gran público les prestase atención, pero poco a poco, el mercado lúdico se abría paso, con la irrupción de pequeños cuadricópteros que enseguida se convertirían en un gadget de moda. Algunos modelos estaban plagados de problemas, otros en cambio tuvieron un gran éxito, tanto que empezaban a ser utilizados por un mercado profesional, sobretodo en filmación y fotografía aérea sin regulación alguna. Impulsadas por las redes sociales, las imágenes aéreas obtenidas de esta manera se hacían muy populares y retroalimentaban el fenómeno. Miles de profesionales de las profesiones más variopintas descubrían mediante dichas imágenes que la herramienta que necesitaban para optimizar su trabajo… era un drone, un aparato con el que levantar una carga y hacer una tarea, la que corresponda, con ella.

Usos de los drones

Las malas prácticas por parte de algunos operadores hacen reaccionar a las autoridades y aparecen leyes restrictivas hacia 2012-2014 en muchos países, pero el virus drone, en el buen sentido, el del desarrollo, ya corría de cerebro en cerebro y durante una etapa de exploración mundial que todavía perdura en cierta medida, casi cada día aparecían noticias sobre nuevos usos con los que los drones nos podían ayudar… o perjudicar.

En el lado positivo, el hecho de levantar la llamada carga de pago abría unas posibilidades enormes en todo aquel gadget que pesase poco y tuviese alguna utilidad elevándolo del suelo; cámaras de todo tipo, ópticas, multiespectrales, infrarrojas, sensores de cualquier índole, láseres, radares, sonares, disparaban el mercado industrial abaratando las inspecciones a infraestructuras y en otros ámbitos como la agricultura permitía analizar con gran detalle los cultivos y aplicar medidas de mejora.

Lanzamiento de un drone

Aunque igual que toda nueva tecnología, como internet, podía ser utilizada en el buen o en el mal sentido. ¿Realmente hay que limitar su desarrollo por el miedo a un mal uso? Valorémoslo un poco. La limitación por parte de las autoridades ha sido legislativa y en el futuro se ha insinuado que se incorporen requisitos técnicos en el sentido de equipar a todos los drones con identificación electrónica. Quien quisiera realizar una acción fraudulenta sólo tendría que desactivar dichas medidas electrónicas e ignorar las legislativas. Por lo tanto, el único método antidrone viable sería el uso de medidas electrónicas activas externas al drone, con las que tomar el control y hacerlo descender si está cometiendo un uso ilícito. La tecnología para hacerlo existe, está probada y funciona. Sí, requiere una inversión por parte de las autoridades. Bienvenidos a la era drone. Mientras tanto, miles de pilotos y operadores se preocupan de estar dentro de la legalidad cruzando los dedos para que no les hagan pagar como justos por pecadores.

En cuanto el tema de los usos ilícitos quede resuelto totalmente si no lo está ya, es cuando la legislación debería acompañar a la expansión tecnológica; se ha regulado de forma excesivamente restrictiva por miedo tanto al mal uso ya mencionado, como al malfuncionamiento de la tecnología y las consecuencias de los accidentes.

Avances de los drones

Desde que empezaron a surgir masivamente los cuadricópteros, la tecnología que los equipa ya ha dado tres o incluso cuatro grandes saltos, que no pasos, agigantados. Su fiabilidad ya es cercana a la de una aeronave normal, y por si fuese poco, se están empezando a dotar en la próxima generación de sistemas realmente redundantes con los que evitar que ningún fallo técnico, por remoto que pueda ser, tenga consecuencias, por lo que la parte técnica llevaría los drones a cerca de la fiabilidad total. Se olvida frecuentemente que un cuadricóptero, por definición, puede aterrizar de emergencia con sólo dos de sus cuatro motores operativos; entendiendo que falle un motor y el propio drone detenga el motor contrario para mantener el equilibrio a la vez que aumenta al máximo la potencia de los otros dos motores de tal manera que aunque girando sobre sí mismo,  es capaz de posarse sobre el suelo casi normalmente.

El futuro de los drones

Queda el factor humano, la persona que hay detrás de la máquina; los fallos humanos se seguirán cometiendo, pero debe entrarse en el mismo ciclo de iteraciones que en la aviación comercial ha permitido seguir batiendo el record de seguridad cada año. Cada accidente e incidente deben analizarse, hay que emitir recomendaciones y corregir defectos, muchos de ellos relativos al factor humano; el cómo un piloto realiza una serie de acciones antes, durante y después del vuelo encaminadas todas ellas a la seguridad. Deberá crearse un sylabus formativo adecuado para los pilotos de drone; incluyendo lo que ya hay acerca del temario común a otros pilotos de otro tipo de aeronaves, pero con una parte específica y exhaustiva para drones. No puede dejarse que los nuevos pilotos construyan su experiencia de vuelo en entornos que en ciertos casos entrañan  alta dificultad, llenos de obstáculos y peligros, algunos tan disimulados que ni los sistemas de evitación de colisiones de la actualidad los pueden evitar.

Los drones salvarán vidas

Con todos estos factores alineados, en un futuro deberían ser posible, como más de una y de dos pruebas demuestran, casi todas esas aplicaciones rocambolescas que pueden parecer ciencia ficción ahora mismo. Parte de la población sigue temiendo los drones, viéndolos como una amenaza a su integridad física o a su privacidad. En cuanto se empiece a demostrar de qué son capaces las reticencias deberían mitigarse. Son capaces de salvar el bien humano más preciado, la vida, de muchas formas distintas, desde arrojando un salvavidas en el mar a localizando a una persona desaparecida, o incluso, por qué no, la unidad drone móvil que podría ir por delante de la ambulancia y llegar en esos minutos de diferencia que a veces hay entre la vida y la muerte.

El futuro de los drones

Desde luego las fuerzas de seguridad también los usarán de forma extensiva, en tareas de vigilancia y muchas otras.

El mundo profesional los seguirá utilizando cada vez más hasta copar todos los nichos de mercado, sin estar claro cuál es el límite, y si ya hay demasiadas empresas operadoras o realmente habrá espacio para todas y más. Ningún gurú, consultoría ni estudio de mercado se pone de acuerdo con los demás en cuanto a las cantidades de las predicciones económicas. Sólo están todos de acuerdo en una cosa: irán a más, mucho más.

El mundo del hobby brillará con luz propia, con grandes pilotos de drones capaces de maniobras acrobáticas casi imposibles y de ganar carreras de drones a velocidades que parecen sobrehumanas, sin margen para el error, volando en modo acrobático, totalmente manual, y viendo lo que el drone ve gracias al sistema FPV (vista en primera persona). Hoy día ya hay nombres propios y héroes a seguir en esta vertiente. El futuro va a ser interesante. Ellos serán los mejores pilotos del mundo.

Los drones y la sociedad

En cuanto la sociedad los vea como un elemento más que llega para quedarse, igual que lo hicieron hace no tantos años internet, el teléfono móvil, y las redes sociales, entenderán que un drone es un bien ajeno a respetar, que no derribar como algunos mantienen, por lo que los usos se ampliarán todavía más, pudiendo pintar la fachada de vuestra casa a menor precio sin andamio ni obreros jugándose la vida, repartiendo el correo y paquetes en zonas remotas o entre centros logísticos dentro de ciudades, e incluso moviéndose dentro de los edificios para realizar toda clase de tareas, mal llamadas autónomas. También hay quien tiene miedo de un aparato que vuele y tome decisiones por sí mismo, por eso se acuñó el término RPAS (acentuando el hecho que son aparatos remotamente pilotados por una persona) tratando de dejar de utilizar el término de origen militar UAV (que ponía el acento en que no había humano a bordo) pero el hecho es que detrás de la máquina, siempre tiene que haber una o varias personas, un responsable, un alguien que la ponga en marcha, la verifique antes de volar, la monitorice o la pilote en vuelo, y se asegure de recuperarla, sabiendo muy bien qué es lo que hace en todo momento.

Otro miedo para algunos consiste en temer que un drone les quite su trabajo, cuando lo cierto es que habrá tantos que de hecho la mano de obra faltará, eso sí, especializada. No es descabellado pensar que ese drone que le compramos como “juguete” a nuestro hijo, sea para él el primer paso para que el día de mañana ése sea su medio de trabajo.

Y el último miedo de la sociedad es el de volar en un drone, uno de los que ya se están probando como transporte de personas; quizá superen el mito del coche volador que nunca termina de despegar desde hace tiempo. Ese será el paso final. Si se consigue, la humanidad habrá puesto su confianza en los drones, de la misma forma que ya lo ha hecho con la aviación comercial.

¿Se cumplirá todo esto? Lo veremos en los próximos 15 años. O tal vez mucho antes; por un lado, se están poniendo de moda las exhibiciones con enjambres de drones con luces, y por el otro, Dubai anunció recientemente su intención de iniciar servicios de aerotaxi para personas con drones… este mismo verano.

Seguramente nos sorprenderemos. Esto no ha hecho más que empezar.

El futuro de los dronesTexto e imágenes de Ernest “Tuckie” Artigas.

Consultor e ingeniero en Altran España.

LinkedIn

 

 


Ebook tecnología

EBOOK “ORIGEN Y EVOLUCIÓN DE LOS DRONES”
Estado del arte y aportación de Altran a los principales programas nacionales

DESCARGAR

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.más información

ACEPTAR